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Tonadas de asfalto II

CONVOCATORIA-PREMIO LUNA INSOMNE PARA JÓVENES POETAS 2018

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Con el fin de incentivar y apoyar la creación poética y de visibilizar a jóvenes poetas dominicanos, nace el Premio Luna Insomne para Jóvenes Poetas, que en su tercera convocatoria homenajea a Aída Cartagena Portalatín, una de las voces más importantes de la literatura dominicana del siglo xx, en celebración de su legado literario.

 Bases

  1. Podrán participar jóvenes dominicanos sin importar su lugar de residencia, siempre y cuando no sean mayores de 35 años de edad al momento del cierre de esta convocatoria, ni hayan ganado anteriormente este concurso, con un único poemario inédito escrito en español y con una extensión no menor de 50 ni mayor de 80 páginas en tamaño 8.5 por 11 pulgadas y que no haya sido divulgado (en todo o en parte) por ningún medio impreso ni digital (antologías, libros colectivos, revistas, periódicos, suplementos culturales, blogs, redes sociales, plaqués impresos o digitales y en libros electrónicos). Los poetas tienen total libertad técnica y temática. No podrán participar libros que hayan sido galardonados, en todo o en parte, en certámenes anteriores o que estén concursando en otros premios. Cada autor podrá enviar un solo libro.
  2. El trabajo deberá enviarse como documento adjunto, en formato Word, al correo electrónico cabezadealquiler@gmail.com, a más tardar el martes 18 de septiembre de 2018, a las 12:00 de la medianoche (hora de la República Dominicana). Los poemarios deberán estar titulados y firmados en la primera página con un pseudónimo y sin dedicatorias, epígrafes, ni referencias bibliográficas que identifiquen su autoría; el archivo se nombrará con el pseudónimo y el título del libro, en este orden, PSEUDÓNIMO-TÍTULO DE LA OBRA. En el asunto se especificará que va dirigido al Premio Luna Insomne para Jóvenes Poetas 2018.
  3. En otro archivo adjunto, en formato Word o PDF, se incluirá pseudónimo, título del libro, nombre real, número de teléfono, dirección de correo electrónico, dirección de correo postal y copia escaneada del documento oficial que acredite su identidad. En el caso de que el participante sea menor de edad debe incluirse una copia escaneada de su acta de nacimiento, acompañada de una copia escaneada del documento de identidad de su padre o tutor y un documento firmado en el que se autorice su participación en el premio. Este archivo se nombrará igual que el pseudónimo, antecedido de la palabra plica, de esta manera PLICA-PSEUDÓNIMO. No enviar los libros en este formato específico o después de la fecha y hora estipulada para el cierre será motivo de descalificación automática.
  4. El jurado, integrado por tres poetas de incuestionable trayectoria, cuya identidad será dada a conocer en el momento del veredicto, el cual será de carácter inapelable, concederá un premio único consistente en $25,000 pesos dominicanos y un diploma de honor. El premio no podrá ser declarado desierto, siempre y cuando el nivel de calidad del libro seleccionado, no perjudique la imagen del premio y no serán otorgadas menciones.
  5. El poemario ganador será publicado en una de las colecciones de Luna Insomne Editores, componente editorial de la Fundación Cultural Lado B. Los derechos de la primera edición pasarán a ser propiedad de los organizadores quienes entregarán 50 ejemplares al autor ganador.
  6. El ganador concede, de manera implícita, permiso a la Fundación Cultural Lado B para la utilización de su nombre e imagen para la promoción del libro o el premio, sin que esto implique un pago por el uso de su imagen.
  7. La entrega del premio y la presentación del libro se harán en un acto público que será comunicado de manera oportuna por los medios de comunicación y las redes sociales.
  8. Las obras que no resulten ganadoras serán borradas terminado el concurso en presencia del notario público actuante, los jurados y las autoridades organizadoras.
  9. Ni los organizadores ni el jurado calificador estarán en posibilidades de establecer comunicación con ninguno de los postulantes ni ofrecerán información relativa al proceso de selección en cualquiera de sus fases.
  10. La participación en este concurso implica la total aceptación de estas bases.

 

Descargar las bases aquí

 

 

 

21 de marzo, Día Mundial de la Poesía

Con motivo de celebrarse cada 21 de marzo el Día Mundial de la Poesía, desde la Fundación Cultural Lado B queremos compartir una selección de poesía relacionada al Premio Luna Insomne para Jóvenes Poetas.  Acá les compartimos textos de Alexis Gómez-RosaRafael Román Féliz, poeta homenajeado y ganador, respectivamente, en la primera edición del Premio Luna Insomne para Jóvenes Poetas 2016; René del Risco BermúdezAnthony Alexander Henríquez, poeta homenajeado y ganador  en la segunda edición del Premio Luna Insomne para Jóvenes Poetas 2017. Además, poemas de Aída Cartagena Portalatín, icónica poeta dominicana a la que dedicamos (¡primicia!) la tercera edición del  Premio Luna Insomne para Jóvenes Poetas 2018.
¡Que tengan buena lectura!

Poemas de Alexis Gómez-Rosa 

La palabra vulnerada

Seca, la garganta
en el bosque sucumbe;
árbol, lágrimas del árbol
que sostiene a los muertos.

Sobre la tierra el hombre
baja contra su pecho la cabeza,
sube: si arrastra, como Sísifo,
la dolorosa piedra
de su orfandad, pregunto.

Hombre, árbol, silabario,
cenizas del hombre.

En el bosque una luz muere,
la palabra: seca en la garganta
sucumbe. Al interior del árbol
un pájaro solitario atraviesa
el corazón de la isla.

Naturaleza de ojo sorprendido

El río–

Blancos sus rizos
en agua trenzados, blancos sus largos
dedos, sin terminados
de uñas.
Saltando sobre las piedras, blancos
sus peces fabulosos.

–El bosque–

Llenos de un noble
vagido milenario,
asómanse los árboles de amar,
árboles facultativos.
Acercados a mí,
asustadizos,
vislumbro a Eva dormir
yarey abajo;
Adán, meditabundo,
otra página
quisiera escribir.

–Los pájaros–

Inmensidad azul, jaspeada,
salobre chapoteo
de espumas y cristales.
Sobre la mar los pájaros,
crecidos contra el cielo,
pían,
pían,
pían,
En su mágico esplendor de espejos
y relámpagos,
nubes fidedignas.

Abraxas

Escrita en el camino
gime la sangre, la vida;
las preguntas que el tiempo
arrastra se tejen en voz baja
ocultando su intranquila
presencia de hojarasca. Escrita
en la tierra nos desquicia
la sangre, los nombres
que se refugian bajo
el innominado palio
de muerte sorprendida;
el curso de las máscaras
y los días que acordonan
la flor saxífraga del sepulcro.
Porque, verdad a cuento,
¿en cuál rincón del camino
no desprende la sangre
la viscosidad de su tufillo?

Poemas de Rafael Román Féliz

Insurrección

Días vociferan gastados desde lejanas latitudes. Calendarios vacíos peregrinan sin vida, el mar se repite tantas veces su estruendosa oquedad, esperando la ciudad que venga hacia él. Los mismos pájaros de siempre recorren el cielo hecho de cadáveres. Estatuas con ojos de cemento vigilan, no verán jamás la tierra. Estas estatuas profundamente dormidas en su alquimia de bronce y utopía, profundamente incógnitas en las sombras del cosmos, eternamente ahogadas en un desierto de naipes esparcidas, carcomidas por siglos y siglos de segundos.
Cualquier día como hoy se puede morir. El cielo apenas es un reloj que se escurre, las aves seguirán en sus kamikazes saltos al agua acechando los peces que charlan en tertulia. Una tímida columna de ángeles brota en las vísceras de un sol tenue y cobrizo. Esta especie agresiva que involuciona y cuestiona, se sumerge en ese mar de prisa, ese mar acostado sobre el horizonte con sus alas de agua y espuma envejecidas.

Diccionario para occisos

Languidecen esas piedras, esperan mi vuelo al ras de las olas. Toda soledad resulta inmensa desde la tarde, otros han elegido ir a los fríos y oscuros fondos abrazados ¿Qué escombros circundan tu oquedad martirizada? ¿Cuáles ruinas hacen del barro iracundo una quimera? Ya toda voz que inverna en estos espacios es verbo de sarcófagos, manuscritos incomprensibles, diccionarios para occisos.
El silencio es objeto yerto que hiere el alma. El ebrio suplicio donde la nada obtiene su color más denso, irradia la resistencia de la cúpula a ser víctima de su egocéntrica forma. Tontos aquellos bufones mediadores del averno que saltan a la desnudez más promiscua, sin saber la inmediata e inmaculada terquedad del mito asola. Nunca gritaron soledad mis ojos, la impaciencia incinera insolente el umbral, en la pared del agua mi existencia no será. Mariposas oscuras granan a vapor el aire imantado al rostro tétrico.

 

Alma de cántaro vacío

Tras la ventana se acerca la grisácea mirada del día. Retornan las gotas como un lerdo vapor de hojas sobre las diminutas horas. Ese cielo, jardín de espumas profundamente redondas y transparentes; nubes que reman durmiendo en su sueño de agua el barro del camino. Orilladas encima de la isla, las miríadas de las mariposas se cuadriplican, se yerguen ahora tranquilas en el silente tictac de sus alas, acantonadas sobre el día recién humedecido.
Heridas de las primeras lágrimas, que se internaron agudas en el polen desde lo alto. El imprescindible mañana sin el cual el día no puede suceder. El mítico astro con sus sábanas de cenizas hasta el cuello, la isla, de banderas mojadas y días sin clases en las escuelas. Dueña de truenos y relámpagos sórdidos, de grandes barcos de papel destruidos frente a los ojos de la hormiga, de la hoja que sirve de trapecio a la gota que en ella hace escala. Bajo la incesante lluvia, todos somos pájaros volando de prisa. Aterrados de las vocales voluminosas de la humedad, son más sonoras. Humedad que trota inverosímil en los puños cerrados de las estatuas.
Voy con el alma como un cántaro vacío.

 

Poemas de René del Risco Bermúdez

Belicia, mi amiga…

Belicia, mi amiga,
tú y yo debemos comprender
que estamos en el mundo nuevamente…
Bajo los pájaros, junto a los vendedores,
entre alegres muchachas
con trajes adornados.
Estamos nuevamente en la ciudad,
en las provincias,
leyendo los periódicos,
seleccionando perfumes y corbatas,
gesticulando festivamente
como pequeño-burgueses…
Belicia, mi amiga,
tal vez debamos ya cambiar estas palabras.
Atrás quedaron las humaredas y zapatos vacíos,
y cabellos flotando tristemente…
Ya no son tan importantes los demás,
ni siquiera tú eres tan importante;
podemos marcharnos, separarnos,
y nadie lo reprochará por mucho tiempo,
ni siquiera tú, Belicia.
Estás nuevamente en la ciudad,
entre los parques y las cafeterías
y los grandes anuncios de los
cinematógrafos.
El sol nace entre los árboles cada día,
y los hombres salen a la calle
con trajes y espejuelos,
otros lustran sus automóviles,
y tú, con una cinta perfumada
recoges tus cabellos encima de la nuca…
Todo es distinto a lo de ayer.
Ahora tú puedes enfadarte conmigo,
cantar simples canciones,
viajar a tu pueblo entre la brisa…
Y yo podré tranquilamente comprar un
libro,
preferir tranquilamente estar en casa.
Pero no podremos otra vez
estar de manos sobre aquella ceniza,
ni nadie contestaría tus preguntas
acerca de la muerte en los tejados…
Porque hemos regresado, Belicia.
Ahora paseamos junto a los jardines
y discutimos de otras cosas,
y yo no admito tu dureza,
y tú descubres mi egoísmo
y en fin, Belicia, amiga mía,
ya los demás no son tan importantes
y tú y yo debemos comprender
que estamos en el mundo nuevamente…

La mañana

Esto es apenas la mañana.
Una rápida voz, algún pájaro
erguido unos instantes
sobre el cordón eléctrico…
La mano fresca encendiendo la radio,
suavemente,
el pescado, como una espada azul,
en medio de la cesta…
Vendrá una voz después,
la voz de una mujer
que ofrecerá su cuello,
su amistad,
pero que seguirá nerviosamente entre
nosotros.
En tanto, esto es apenas…
Las letras negras en el diario,
la camisa de la noche anterior,
y el café, cuando en la mecedora
tratamos de ordenar
rápidamente nuestros pasos…
Luego, una palabras,
las escaleras…
El día avanzando
entre colores brillantes
y las voces…

No estaremos tú y yo…

No estaremos tú y yo
para cortar con nuestros rostros
la llovizna.
Para soltar una paloma,
y que ésta vuele con el perfume de tu anillo
entre las alas…
No será tu índice,
tu dedo índice que muerdes
en algunas horas de tristeza;
no será tu voz trepando estos viejos muros
de la ciudad
en los que alguien escribió su nombre
alguna vez,
alguna vez,
alguna tarde polvorienta
de un verano de árboles decididamente verdes.
No habrá dulzura de tus ojos
para llenar el cielo
en un gesto hacia atrás, de tu cabeza.
Las sucias esquinas en donde se amontonan
periódicos y restos de cigarrillos,
tú y yo
y la cámara Instamatic,
los sellos de correos con la efigie de Kennedy,
todo ese mundo reflejado
en hermosas postales,
en esas fuentes a las que los turistas
arrojan monedas
y luego asoman con una sonrisa deforme
entre las aguas,
no será nuestro mundo,
el mundo donde VietNam
es algo más deprimente aún
que cuatro páginas de Life
en un verde extrañamente militar
y echarnos ron y soda
y tres cubitos de hielo dentro del vaso,
y alzando la barbilla decimos: “O’key, ¿y entonces qué?”
No será ya más nuestro mundo,
porque desde mucho antes
habremos dejado de ver los nuevos edificios
de quien sabe cuántos pisos
en donde necesariamente habrá alguna librería,
ni sabremos que la energía nuclear
quedará reducida a usos perfectamente simples
para entonces… en este mundo no estaremos tú y yo.
No iremos a ver una pelea de Teo Cruz
un sábado en la noche,
ni te retocarás el peinado
a la salida de un cinematógrafo.
Porque no estaremos tú y yo
para amarnos de este modo suicida
en que lo hacemos,
ni tendrás esos ojos que hoy pueden ver
el Lincoln Center,
la Plaza Roja,
el Astródomo de Houston,
y llorar una mañana camino a tu trabajo
en una avenida llena de árboles y carros…
Otras muchachas vendrán con veinte años
y la cartera llena de lápices de labios,
y el café de las cinco en la calle El Conde
será para otros jóvenes que no tendrán por qué recordarnos
cuando Rusia haya enviado su nave 240
con pasajeros a la luna.
Entonces, los satélites CCCP y USA,
“sin llorar jamás desde sus órbitas”
estarán a muchos miles de kilómetros
por sobre la cabeza de otros amantes
despreocupadamente alegres
que en las calles del mundo
cortarán con sus rostros la llovizna
y llorarán, tal vez,
por alguien que murió con un tiro en la frente
en algún sitio. Otras muchachas vendrán, otros amantes,
que cantarán en Grecia por las noches
o irán a los teatros de Moscú, de Praga,
Lima, Chile, Buenos Aires,
se estarán aquí tristemente con las manos cogidas
pensando en que mañana todo concluirá
con un gran estallido.
Pero ya, antes de todo eso,
habrán muerto millones de soldados
en la primera plana de los diarios,
el hambre habrá perdido su importancia,
los Beatles, Paulo Sexto,
el KuKluxKlan,
estarán enterrados para siempre
junto con las declaraciones de guerra,
los delegados de la ONU,
y las muchachas que, como tú,
perderán lentamente la sonrisa
y morirán también
en las últimas tardes de un tiempo
en el que tuvimos nuestra correspondiente parte
de llanto, de miedo, de alegría…
Resulta, en cambio, simple esta verdad:
¡No estaremos tú y yo, sencillamente…!

Poemas de Anthony Alexander Henríquez

Linus Pop

Somos río
primera estación
(Fragmento)

 

No toquen ese dial, ahora es que estamos empezando.
Silent Hills

 

 

 Esta es la sinopsis de una historia, no es toda la historia.  Él es quien cuenta la historia, pero no participa en ella. Este es el tipo de historia detrás de la historia, de por qué un cobarde como él terminó volviéndose un mártir. Este es el tipo de historia trágicamente eterna, de esas que se discuten por unos años y luego son olvidadas para siempre. Esta es una historia que normalmente se consideraría una aventura; una historia sobre dioses y humanos conviviendo en la tierra prometida, pero también es la historia de una tierra baldía, una tierra donde no hay una moral o una enseñanza definida; una tierra donde nadie sabe realmente dónde comienza o dónde termina; donde el final es algo que se anhela pero que nunca se alcanza; un comienzo que se busca, pero jamás se obtiene, manteniéndose igual, para siempre. Si cuento esta historia, ¿podré decir que la estoy contando por ellos? ¿Podré decir que he contado esta historia, que he contado la historia de todos en el mundo, solo por ellos?

Mi nombre es Linus. Soy un viajero de caminos sin transitar, observador de lugares que no se ven, el último caminante en un mundo engullido por la eternidad. Vivo esta vida ociosa a través de una memoria borrosa, y cada día es un despertar lento, enclavado en un sonido; cada día es un paso tranquilo que avanza como cazador empedernido. Este es el primer día de primavera, embarazado de magia como un alquimista, cuando las hojas son restregadas por el viento, y las flores giran bailando con los insectos; cuando el aire desintoxica el hechizo venenoso que llena de polvo mi cuerpo.
Tan pronto como despierto, veo un árbol particular que se levanta como una torre majestuosa. Aunque su cima me parezca tan inalcanzable como la luna en el cielo, no puedo evitar pensar que, si la alcanzo, seré capaz de proporcionar un sentido a mi celo. Caminar hacia el árbol era mi desorientada monotonía; el único ritmo que mi cuerpo admitía. De esa forma me muevo a través de la madriguera del tiempo, sabiendo que el alba y el ocaso no son el comienzo ni el fin del camino, sino apenas la semblanza del destino, y para cumplir mi acometido estoy obligado a seguir en este curso, sin mirar atrás o rastrear las huellas dando cuenta de dónde he venido.
¿Cuánto tiempo ha pasado desde que empecé este viaje? No es que me abstenga a decirlo, es más bien que no puedo recordarlo. Es una tontería, ya que normalmente no existiría tal cosa como un viaje que nunca termina; porque cuando llega el momento, incluso la peor pesadilla culmina.
Ciertamente era un día inmenso en la tenebrosa atmósfera de tener que vivirlo. Yo era apenas un fantasma de esos que viajan sin objetivo, y en este mundo mi viaje tenía que ser insignificante, como el de una hormiga dentro de un terrón de azúcar que busca endulzar el océano con un río. Yo caminaba.  No podía hacer otra cosa que caminar.  Era como la madera triturada por el fuego en una fogata que lentamente se consume con el vaivén del mar; y las manos buscando calor como los becerros que sacan leche de las ubres.
Yo caminé por un bosque en cuyas ramas reposaban avecillas, cada una germinando los colores, millones de diferentes tonos, de múltiples combinaciones; mezclando las posibles variaciones, creando un sinnúmero de imperfecciones. Mi mirada flotaba por el extenso sendero, disolviéndose en la esencia de un huevo que ocluye formando el destino, ilustrado por la luz y las descendencias de un trágico cielo, y no sabía alrededor de quién giraba mi mundo, pero estaba seguro de que el sol no era el centro del universo.
Luego me quedaba dormido en la estela de un sueño inquieto, y despertaba intentando reconstruir algo desde cero; una memoria desconcertante, cosas que creía conocer; que lamentaba conocer, que esperaba no volver a ver, nunca jamás.
Al amanecer ya otra vez estaba caminando. Caminaba y respiraba con una presión aglutinante en el pecho. Sin reproche, sin que nadie me dijera nada, escuchando los árboles reír con el viento, estrujando en sus hojas los secretos; confinándome a un abismo del cual me parece imposible volverme, y mucho menos enmendar un puro deseo; ¿qué es lo que deseo?
Me comienzan a doler los pies, esos que siempre estuvieron sintonizados a las ondas del camino; me dolía el sudor que mojaba mi frente; y los ojos que veían pistas en el horizonte, sin saber que estaban más cerca, las ramas, las estrellas, o los sueños.
Hablando solo con una voz cada vez más cansada, emitiendo sonidos cada vez más ininteligibles, convenciéndome de hacer una corta parada en un río, y escuchar cómo mi otro yo en el reflejo ondulante me hablaba: «No bebas del río.  No confíes en el agua del río, no busques el río», y continué mi camino siguiendo señuelos imaginados como paraísos, como espejismos en el desierto, pensando que cada paso me acercaba al arrollo ondulante de otro río, uno más podrido, uno más envenenado; uno que correría detrás de mis párpados cerrados, dentro de mi cuerpo, en la soledad de mi interior.
La anticipación me mataba. ¿Por cuánto tiempo tengo que seguir andando?  Me hice la pregunta innumerables veces, cada una tratando de aclarar mi mente de la fatiga que como un extraño delirio me abrumaba.

Poemas de Aída Cartagena Portalatín

Ausencia tuya nunca ha estado sola:
tu recuerdo es el pasaporte de mis viajes.

Si tu ausencia fuera la ausencia de los otros,
y te presintiera como estrella lejana, vacilante,
entonces, no sería tu ausencia la ausencia,
sería el dolor de la muerte.

Tu palabra fue más que una palabra
y te hice ídolo en mi templo en llamas,
donde estaremos hasta siempre… la muerte!

Si tu ausencia no se hubiera eternizado,
como una luz o una sombra,
yo no estaría ausente.
En un continuo viaje iría hacia ti,
persiguiendo tu presencia.

Viento entre las hojas

El viento entre las hojas es un niño loco.

La danza de las hojas que caen es la danza
de la muerte.

Pierden alma con el color.

Las ramas, aldeas de los árboles…

El sueño de un amor durmió sobre las hojas;

En una locura de volver a nacer
fertilizan la tierra.

En la tarde ellas tienen sueños crepusculares.

Poema de tu olvido

El alma en una mansión de nieve,
el traje de la palabra dejó desnuda la ausencia
y tu nombre era innombrable,
por que había naufragado
en la playa de unos labios desiertos.

 

 

De ondulaciones y luces ocultas: acerca de Diccionario para occisos

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©Pedro Genaro

     El conocimiento adquirido hasta hoy por nuestra era nos ha enseñado del mundo su materia sonora, la ciencia habla de cuerdas, de pequeñísimas cosas insoñables que se levantan a erigir majestuosidades. Es en este universo donde soñamos, así se nos escapa el alma en la mirada, hacia dentro o sembrada en las manos se nos vuela hacia una página. Rumbo de poetas es la evocación en este tránsito, pensar que en cada objeto hay algo de nuestro espíritu que se ha escapado, solo para que lo veas, que está ahí cálido o muy frío, indiferente o abrazándote, poblando junto a ti la palabra, la andadura. El más niño es quien más goza de este cielo, el marinero de sus siete años, apasionado que no llegará a edad madura y permanecerá poeta. Es el poeta el niño y su negación de niño, su angustia de niñez. Todo esto así, porque el mundo es afirmarse, un movimiento (movimientos) hacia sí mismo. Vibraciones. Pulsaciones.
Veamos que “el alma verde de la flora relumbra al amanecer”, en un verso como este hemos de hallar las frecuencias necesarias para sobreponernos de toda muerte anterior, para fijarnos en un tiempo que se reproduce a sí mismo al infinito, en la caracola del ojo que toca el mar y escucha y mira y dice.
Así nos habla Rafael Román Féliz, nuestra felicidad, pues alegre está la vida de sus proezas ya tempranas, ya hechas lluvias en la página. Nos ha dado su alma, no sus escritos; nos ha dado su tiempo, no sus horas. Qué decir de su poesía, sino que parece aguas onduladas, un Van Gogh nocturno vuelto peces, sonido de río escondido entre sus peces, manifiesto en lo agudo del viento que fluye en su pensamiento, el de la tristeza con una escondida ventana a una esperanza, la cuerda de la que pende entre el dolor y la alegría, aunque sea breve esta última asoma muy tímida en la bruma de su atmósfera como un latido escaso, que por qué no, duele también dejarlo manifiesto por la sola sensación de esfumarse, porque “todos huyen a tu húmeda aureola”, “cítara bulliciosa de acordes de agua”, nos canta.
El libro recorre los climas de sus estados, atravesando fuertes agitaciones, y aunque breves, sí esos momentos de exaltación verdaderamente ambiciosa. Las observaciones de la naturaleza, evocaciones de sueños y símbolos del agua componen sus metáforas como recurso principal para armar el signo del poema, realidad confusa en la estructura de unos versos tejidos muchas veces sólo por el ritmo o los latidos propios de un poema que persigue conquistar el reino de lo impreciso; metáforas densas que se alejan de la unidad encerrando al lector en la alucinación individual de cada línea.
     Diccionario para occisos es una obra sublime, con pretensiones sobrias, cargada de un drama denso en la existencia de un individuo agobiado por nubarrones internos y externos; sus ritmos no son diversos, se aferra a lo verbal como potencia, verbo tras verbo sus versos están nucleados de esa manera, pero válido o no, hay momentos de fuga, indiscutibles logros de una potencia artística en crecimiento. Aún en el uso de la tercera persona encontramos el hilo conductor interno, Román Féliz es un poeta visceral “nada sabes de la hoja que se antepone a la herida de la gota del rocío” que se señala así mismo desde la lejanía, como espectro aforístico que sentencia o se hace eco del retumbe de su propia condición de individuo apabullado por la angustia y estrechez de un mundo que condena, que es injusto y se desgasta en valores adversos a la libertad, a la expansión creativa y al ideal humano. Pues el poeta siente que la vida, el mundo, los hombres han de ser buenos, he aquí que se enrosca y arremete su espiral de hojas y de silencios.
Este glosario para occisos es sin duda, no solo por su título sugerente, una tentación de dar significado a todo lo que nos muere, una invitación a dotar de imaginación todo aquello que nos duele. De aquí que su centro no sean las acrobacias urbanas y la despreocupación post grunge, de una poesía más caracterizada por un hastío pop de la vida clasemediera o alta desde donde muchos antilíricos de hoy abordan el hacer poético. Nada de eso, su crear es solemne y con ambición de estilo. No falta en este poeta una connotación social de la vida, de la suya, a pesar de todo, de tanta desolación, sí existen en su diccionario luctuoso cantos inflados de ira, de señalamiento, porque nada sabe la guerra de la vida por la que luchan los hombres. ¿En qué esquina del mundo la luna descorcha botellas y leerá el mensaje?”, nadie sabe, solo los que cargan la lámpara, quienes hablan ese lenguaje de sueños; solo las humanas potencias que se indignan, se lanzan, marchan o escriben.
“Y mi madre y mi padre salieron a libertar el mundo. Llevo tatuado a mi iris la palabra que no descifro”, estas son las palabras de la nobleza, así hablan los hombres buenos, los del espíritu, los que por nada lo dan todo. De estos dicen que su reino no es de este mundo, pues el mundo se compone de lo material, de la riqueza o el prestigio que otorgan los lujos de la vida, la comodidad y el amueblado de una vida más que superficial, superficie.
Pues no, con palabras así, nuestro reino no es de este mundo, pues el poeta sabe que “otros dijeron que mis párpados estaban preñados de nostalgia” y qué importa, soñadores. Él ha ganado su premio en sus versos, en los más logrados, hecho que le ha otorgado el honor de inaugurar el Premio Nacional de Poesía Joven, con su Diccionario para occisos.
Sea esta distinción un estímulo más para su producción que esperamos ver entre lo mejor de nuestras letras y del futuro de cada hombre. Esa es nuestra esperanza, esa su misión, su destino sin desmarque (está maldito). Brindemos por su gloria, por la vida, la poesía.

José Ángel Bratini, poeta dominicano.

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Ilustración para la primera edición del premio inspirada en La tregua de los mamíferos de Alexis Gómez-Rosa, autor homenajeado. Realizada por el arquitecto y artista visual Teualdys Díaz.  Sin titulo (2016). Tinta y acuarela sobre papel. Colección privada.

Palabras para occisos

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©Pedro Genaro

     Una simple conjunción subordinante altera de manera radical el sentido (en su acepción de “dirección”) de una sentencia. La cohesión textual nos es puesta en abismo desde el título de este libro: accedemos a un diccionario no “de” sino “para” occisos. La conjunción, entonces, deja de congregar los elementos naturalmente contiguos, para vincular entre sí los más opuestos. Como el mar, por ejemplo, que en uno de sus poemas se repite tantas veces su estruendosa oquedad, esperando la ciudad que venga hacia él.
     La nomenclatura léxica, la clasificación verbal, el ordenamiento del imaginario, es empero muy distinto al propio de un glosario. El poeta, con “verbo de sarcófagos” se apresta más bien a descifrar los “manuscritos incomprensibles” por vía de un lexicón que limpie, fije y dé esplendor a lo que pasa, los sucesos, para lo cual precisa de un lector extranjero, una brújula de otro siglo que le comprenda.
     Es decir que ese lector extranjero al que se apela, colige uno, puede que esté ubicado en el extremo de lo definido, bajo la superficie de la comunicación, en una especie de inexistencia o existencia en suspensión. El lector que reclama es un occiso, pero con acceso al texto. Es entonces que el poeta pone en acto su estrategia de escritura: salirse de sí mismo, de sus cuatro paredes y techo que no son un hogar –sino algo frío como el mármol–, para enfrentar los cuervos que siguen esperando que algo deje de latir (ver: Salir de mí mismo). Y esa nocturnidad del pájaro que acecha, ese gesto de rapiña con el ave equivocada, es el contraste: la carroña que corroe respira todavía, alma dual de zombi, que puede interactuar contigo.
Por otro lado, en Diccionario para occisos hay muchos peces, el agua abunda, las aves van y vienen. Uno tiene que pensar que los cuerpos exánimes, los restos, los despojos de ese lector extraño proceden de un naufragio. Las gotas se disipan sobre las hojas, la lluvia no alcanza los desiertos, una ola se extiende apenas sobre la arena u ora cuando la pleamar subyace. Es singular que siempre se coloca en el contraste una ciudad. Es como si dijera que sí, que el poema ha zozobrado, pero que en cambio queda quien procura, desde tierra, un asidero al náufrago. He aquí como el proceso hacia la claridad interviene en el afán disolutivo propio de su discurso amplio, en líneas amplias, en cascada.
Finalmente, un augurio: la semilla semántica sembrada por Rafael Román Féliz fructificará, se expandirá, continuará pariendo poemas de gran factura.

León Félix Batista. Poeta, editor y traductor dominicano.

Anthony Alexander Henríquez – Ganador, II Premio Luna Insomne para Jóvenes Poetas 2017

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Nació en Santo Domingo en 1997. Estudia Comunicación Social y Ciencias Cinematográficas en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. En su tiempo libre se entretiene con videojuegos, aunque lo primordial en su vida lo constituyen dos grandes bloques: leer y escribir. Con el cuento Una respuesta llamada amnesia, ganó el tercer lugar en la vigésimo tercera edición del Concurso de Cuentos Radio Santa María. También obtuvo una mención de honor, en el renglón cuento, en la primera edición de los Premios Nacionales de Periodismo y Literatura Gastronómica, organizados por la Fundación Sabores Dominicanos, con el cuento Un glosario redentor. Ganó con Linus Pop, la segunda edición del Premio Luna Insomne para Jóvenes Poetas, que organiza la Fundación Cultural Lado B.

Veredicto-Premio Luna Insomne para Jóvenes Poetas 2017

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El jurado del Premio Luna Insomne para Jóvenes Poetas, organizado por la Fundación Cultural Lado B, integrado por los abajo firmantes, luego de haber leído los catorce trabajos participantes en esta segunda convocatoria, determinaron otorgar el premio único al poemario Linus Pop amparado con el seudónimo Will Hope (cuyo nombre real resultó ser Anthony Alexander Henríquez),por cuestionar el sentido del decir, ese ordenamiento enfermizo al que recurre el hombre a fin de poder contar su historia, su deseo, su huella memorable sobre el mundo.

Uno de los aciertos de este libro es precisamente cuestionar, dudar de su palabra, indagar sus propias fuentes, su estrategia, el diálogo constante con las voces en su propia escritura, resaltar la falla necesaria en la poesía, eso que la hace misteriosa y vulnerable; y aquí esa “falla” es una constante irresolución sobre la historia misma, una incapacidad de lograr decir lo que supuestamente se desea decir, como un juego en espejo que nos acecha y nos pregunta ¿cuál es el camino del deseo aquí? Más allá de la épica que supone la historia en su narrativa prevalece una especie de impertinencia sublime que nos hace replantearnos el sentido mismo de ese universo, justo cuando estamos a punto de ser consumidos por éste; y entonces volvemos a saborear, por así decirlo, la contrariedad y la divagación; ese camino de incertidumbres y bellezas donde el autor pareciera repetir, como José Carlos Becerra: “yo iba a escribir algo, yo tenía la pluma en la mano para escribirlo”.

Dado en Santo Domingo, República Dominicana, el 06 de noviembre de 2017.

 

León Félix Batista|Ariadna Vásquez Germán|Luis Carlos Mussó

René del Risco Bermúdez – Homenajeado, II Premio Luna Insomne para Jóvenes Poetas

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En su segunda edición el Premio Luna Insomne para Jóvenes Poetas homenajea a Rene del Risco Bermúdez, a 80 años de su nacimiento y a 50 años de la publicación de El viento frío, libro que ha dejado impronta en generaciones posteriores y que es una de las más luminosas muestras de la tradición literaria dominicana.

René Federico José Ramón del Risco Bermúdez nació en 1937 en San Pedro de Macorís, hijo de René del Risco Aponte, pionero del teatro radial en el país y de América Bermúdez Escoto, una reconocida escritora y luchadora antiimperialista y antibalaguerista. De ahí, y de su abuelo Federico Bermúdez, poeta social y político,  heredó René su vena artística, su rebeldía y su sensibilidad social.

A finales de los años 50 se traslada a Ciudad Trujillo, donde se matricula en la Universidad de Santo Domingo en la carrera de Derecho, que abandonó en el tercer año al vincularse a la lucha antitrujillista a través del Movimiento Revolucionario 14 de Junio.

Esta vinculación lo llevó, primero, a estar preso en la cárcel La 40 en 1960, donde fue torturado en la silla eléctrica y su cuerpo quemado con cigarrillos, y luego, al exilio en Puerto Rico. A su regreso, en 1962, se dedica al trabajo literario.

En 1965, durante la Guerra de Abril, formó parte del departamento de prensa del gobierno constitucionalista. En esta época, se integró al grupo de artistas de Arte y Liberación, que se plantearon un trabajo de apoyo al movimiento constitucionalista. En el fragor de la guerra escribió algunos poemas, como Oda gris al soldado invasor, La guerra no se olvida, Palabras para invasores,  Canto para un muchacho de mi pueblo, Meditación de la guerra, Carta de amor y de guerra y Ofrenda lamentable para un general invasor que mostraban el aspecto más patriótico y rebelde de su poesía, pero también el dolor y la nostalgia por los compañeros caídos en batalla.

Después de la Revolución de Abril, René, junto a Marcio Veloz Maggiolo, Miguel Alfonseca y Ramón Francisco, entre otros, fundó la agrupación cultural El Puño.

Participó en algunos concursos literarios e inició una carrera como productor y presentador de programas de radio y televisión –como Atardeceres en HI1J y Sábado de ronda, primer programa kilométrico de la televisión nacional.–; compositor de canciones –como Si nadie amara, La ciudad en mi corazón, Matices, Así, tan sencillamente y Una primavera para el mundo, interpretadas por artistas como Fernando Casado, Sonia Silvestre, Niní Cáffaro, Luchy Vicioso, Felipe Pirela y Marco Antonio Muñiz.–; y publicista, pasando por Bergés Peña y Young & Rubicam, para fundar en 1972 Retho Publicidad, junto a José Augusto Thomén.

Del Risco dejó una obra en desarrollo, que incluye un poemario canónico que abre las puertas a la modernidad en la poesía dominicana, El viento frío, único de sus libros publicado en vida; varios cuentos, algunos –como Ahora que vuelvo, Ton; La noche se pone grande, muy grande y La oportunidad– ganadores de premios y considerados entre los mejores cuentos dominicanos, luego publicados como conjunto (incluyendo algunas de estas compilaciones el cuento (inconcluso) que estaba en la maquinilla de escribir al momento de su muerte, titulado Son once años Manuel y que era el regalo para el cumpleaños número once de su hija Minerva, quien celebraba su natalicio días después); una novela, El cumpleaños de Porfirio Chávez, rescatada hace unos años; y el resto de su poesía social y amorosa reunida en un tomo bajo el título de Poesía Completa.

Falleció a los 35 años, el 20 de diciembre de 1972, en un accidente de tránsito.

 

 

 

CONVOCATORIA-PREMIO LUNA INSOMNE PARA JÓVENES POETAS 2017

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Con el fin de incentivar y apoyar la creación poética y de visibilizar a jóvenes poetas dominicanos, nace el Premio Nacional de Poesía Joven,  que en su segunda convocatoria toma el nombre de Premio Luna Insomne para Jóvenes Poetas y homenajea a Rene del Risco Bermúdez, a 80 años de su nacimiento y a 50 años de la publicación de El viento frío, libro que ha dejado impronta en generaciones posteriores y que es una de las más luminosas muestras de la tradición literaria dominicana.

 

 Bases

 

  1. Podrán participar poetas dominicanos sin importar su lugar de residencia, siempre y cuando no superen los 35 años de edad al momento del cierre de esta convocatoria ni hayan ganado anteriormente este concurso, con un único poemario inédito escrito en español y con una extensión no menor de 50 ni mayor de 80 páginas en tamaño 8.5 por 11 pulgadas y que no haya sido divulgado (en todo o en parte) por ningún medio impreso ni digital (antologías, libros colectivos, revistas, periódicos, suplementos culturales, blogs, redes sociales, plaqués impresos o digitales y en libros electrónicos). Los poetas tienen total libertad técnica y temática. No podrán participar libros que hayan sido galardonados (en todo o en parte) en certámenes anteriores o que estén concursando en otros premios.
  1. El trabajo deberá enviarse como documento adjunto, en formato Word o PDF, al correo electrónico cabezadealquiler@gmail.com, a más tardar el jueves 21 de septiembre de 2017, a las 12:00 de la medianoche (hora de la República Dominicana). Los poemarios deberán estar titulados y firmados en la primera página con un pseudónimo y sin dedicatorias, epígrafes, ni referencias bibliográficas que identifiquen su autoría; el archivo se nombrará con el pseudónimo y el título del libro, en este orden, PSEUDÓNIMO-TÍTULO DE LA OBRA; en el asunto se especificará que va dirigido al Premio Luna Insomne para Jóvenes Poetas 2017.
  1. En otro archivo adjunto, en formato Word o PDF, se incluirá pseudónimo, título del libro, nombre real, número de teléfono, dirección de correo electrónico, dirección de correo postal y copia escaneada del documento oficial que acredite su identidad. Este archivo se nombrará igual que el pseudónimo, antecedido de la palabra plica, de esta manera PLICA-PSEUDÓNIMO. En el caso de que el participante sea menor de edad debe incluirse una copia escaneada de su acta de nacimiento, acompañada de una copia escaneada del documento de identidad de su padre o tutor y un documento firmado en el que se autorice su participación en el premio.
  1. No enviar los libros en este formato específico o después de la fecha y hora estipulada para el cierre será motivo de descalificación automática.
  1. El jurado, integrado por tres poetas de incuestionable trayectoria, cuya identidad será dada a conocer en el momento del veredicto, el cual será de carácter inapelable, concederá un premio único consistente en la edición del libro ganador y un diploma de honor. El premio no podrá ser declarado desierto, siempre y cuando el nivel de calidad del libro seleccionado, no perjudique la imagen del premio y no serán otorgadas menciones.
  1. El poemario ganador será publicado en una de las colecciones de Luna Insomne Editores, componente editorial de la Fundación Cultural Lado B. Los derechos de la primera edición pasarán a ser propiedad de los organizadores quienes entregarán 50 ejemplares al autor ganador.
  1. La entrega del premio y la presentación del libro se harán en un acto público que será comunicado de manera oportuna por los medios de comunicación y las redes sociales.
  1. Las obras que no resulten ganadoras serán borradas terminado el concurso en presencia del notario público actuante, los jurados y las autoridades organizadoras.
  1. Ni los organizadores ni el jurado calificador estarán en posibilidades de establecer comunicación con ninguno de los postulantes ni ofrecerán información relativa al proceso de selección en cualquiera de sus fases.
  1. La participación en este concurso implica la total aceptación de estas bases.

 

 

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